sábado, 26 de abril de 2014

TESEO Y EL MINOTAURO - NARRADOR DE CUENTOS - (1 de 3)

Las invasiones en España y la formación de la lengua española

Morir en la pavada relatado por su autor

Morir en la pavada (Mamerto Menapace)





Morir en la pavada
por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos Rodados, Editorial Patria Grande.



Una vez un catamarqueño, que andaba repechando la cordillera, encontró entre las rocas de las cumbres un extraño huevo. Era demasiado grande para ser de gallina. Además hubiera sido difícil que este animal llegara hasta allá para depositarlo. Y resultaba demasiado chico para ser de avestruz.

No sabiendo lo que era, decidió llevárselo. Cuando llegó a su casa, se lo entregó a la patrona, que justamente tenía una pava empollando una nidada de huevos recién colocados. Viendo que más o menos eran del tamaño de los otros, fue y lo colocó también a éste debajo de la pava clueca.

Dio la casualidad que para cuando empezaron a romper los cascarones los pavitos, también lo izo el pichón que se empollaba en el huevo traído de las cumbres. Y aunque resultó un animalito o del todo igual, no desentonaba demasiado del resto de la nidada. Y sin embargo se trataba de un pichón de cóndor. Si señor, de cóndor, como usted oye. Aunque había nacido al calor de la pava clueca, la vida le venía de otra fuente.

Como no tenía de donde aprender otra cosa, el bichito imitó lo que veía hacer. Piaba como los otros pavitos, y seguía a la pava grande en busca de gusanitos, semillitas y desperdicios. Escarbaba la tierra, y a los saltos trataba de arrancar las frutitas maduras del tuitá. Vivía en el gallinero, y le tenía miedo a los cuzcos lanudos que muchas veces venían a disputarle lo que la patrona tiraba en el patio de tras, después de las comidas. De noche se subía a las ramas del algarrobo por miedo de las comadrejas y otras alimañas. Vivía totalmente en la pavada, haciendo lo que veía hacer a los demás.

A veces se sentía un poco extraño. Sobre todo cuando tenía oportunidad de estar a solas. Pero no era frecuente que lo dejaran solo. El pavo no aguanta la soledad, ni soporta que otros se dediquen a ella. Es bicho de andar siempre en bandada, sacando pecho para impresionar, abriendo la cola y arrastrando el ala. Cualquier cosa que los impresione, es inmediatamente respondida con una sonora burla. Cosa muy típica de estos pajarones, que a pesar de ser grandes, no vuelan.

Un mediodía de cielo claro y nubes blancas allá en las altura, nuestro animalito quedó sorprendido al ver unas extrañas aves que planeaban majestuosas, casi sin mover las alas. Sintió como un sacudón en lo profundo de su ser. Algo así como un llamado viejo que quería despertarlo en lo íntimo de sus fibras. Sus ojos acostumbrados a mirar siempre al suelo en busca de comida, no lograban distinguir lo que sucedía en las alturas. Pero su corazón despertó a una nostalgia poderosa. ¿y él, porqué no volaba así? El corazón le latió, apresurado y ansioso.

Pero en ese momento se le acercó una pava preguntándole lo que estaba haciendo. Se rió de él cuando sintió su confidencia. Le dijo que era un romántico, y que se dejara de tonterías. Ellos estaban en otra cosa. Tenía que ser realista y acompañarla a un lugar donde había encontrado mucha frutita madura y todo tipo de gusanos.

Desorientado el pobre animalito se dejó sacar de su embrujo y siguió a su compañera que lo devolvió a la pavada. Retomó su vida normal, siempre atormentado por una profunda insatisfacción interior que lo hacía sentir extraño.

Nunca descubrió su verdadera identidad de cóndor. Y llegado a vieja, un día murió. Sí, lamentablemente murió en la pavada como había vivido.

¡Y pensar que había nacido para las cumbres!

Trato hecho nunca deshecho (cuento popular)






Un día hicieron una sociedad el zorro y el quirquincho. El zorro dio su chacra al quirquincho para que la sembrara a medias.

Como el quirquincho tiene fama de ser poco inteligente, el zorro pensó que se aprovecharía de su trabajo, y le dijo:

-Este año, compadre, como es justo, será para mi todo lo que den las plantas arriba de la tierra y para usted lo que den abajo.

El quirquincho sembró papas. Tuvo una magnífica cosecha y al zorro le tocó una cantidad de hojas inservibles.

Al año siguiente el zorro, molesto por el mal negocio, le dijo a su amigo:

-Este año, compadre, como es justo, será para mi lo que den las plantas debajo de la tierra, y para usted lo que den arriba.

-Bien compadre, será como usted dice.

El quirquincho sembró trigo. Llenó su granero de espigas y al pobre zorro le tocó una cantidad de raíces inútiles.

" No me dejaré burlar más" , pensó. Y le dijo al compadre:

-Este año, ya que usted ha sido tan afortunado con las cosechas anteriores, será para mi lo que den las plantas arriba y abajo de la tierra. Para usted será lo que den al medio.

-Bien compadre, ya sabe que respeto su opinión.

El quirquincho sembró maíz. Sus graneros se llenaron nuevamente de magnífica espiga y al zorro le correspondieron las flores y las raíces del maizal.

El zorro tuvo que vivir en la última miseria. Ese fue el castigo a su mala fe.

Los seres místicos (Santiago Formoso)


Hace muchos años existía un planeta que se llamaba Durus.
El mismo planeta estaba muy tranquilo hasta que un año la tranquilidad se rompió.
Sus habitantes estaban muy asustados porque en el planeta vecino vivían los Melos asteroides que vendrían a acabar con el planeta Durus.
Pero sabían también que tenían a sus guerreros, Los Seres Místicos y que ellos los defenderían de los Asteroides.
Cuando llegaron los Asteroides los Seres Místicos ya estaban preparados para la batalla.
Comenzaron a pelear y ganaron la guerra.
Desde entonces volvió la paz al planeta Durus.

Santiago Formoso
1ero A

martes, 22 de abril de 2014

Luis y el violín (Solange Wronski)



Era una vez un niño que se llamaba Luis y vivía de la música, hasta que un día decidió formar una banda con sus amigos.
Al otro día se reunieron, tocaron y faltaba un último detalle, que era cómo se iba a llamar la banda.
Discutieron el nombre y todos se decidieron porque se llame Los Mapets pero a Luis le gustaba más Los Martincitos, aunque los demás no querían.
Así que Luis se deprimió y apareció muerto en el escenario.
Le pasó que se mató con el violín.

FIN

Solange Wronski
1ero A