jueves, 11 de septiembre de 2014

Cuerpos con barcos (Bruno Rivero)









Cuerpos con barcos
y el mar y el navío que se acerca
y algunas gotas
quizás
un atajo
quizás
un eterno tránsito
un puente extendido
una grieta




poema-collage sobre textos de Mercedes Roffé y Edgar Bayley

sábado, 5 de julio de 2014

Despedida (Alexis Mansilla)


Ilustración de Leicia Gotlibowski


Una lágrima
tiembla
bajo la noche

pasos frágiles
bajo las estrellas

la memoria de otra luz
perfumada de tristeza

con mil llaves

tus manos heladas
viajan por la sangre
estremecida

late la soledad
sobre mi rostro
olvidado

jueves, 3 de julio de 2014

Noche de verano (Gonzalo Belachi)




ilustración: Seung-Hwan Chung



la puerta de la noche
estremecida
por un caballo negro

tiemblan 
las luciérnagas

oímos brillar
los vestidos del cielo

resplandece el verano
y cantan los grillos

tu rostro late
como la música

Despertar (Lautaro Pérez)

ilustración Camila Fernández de Córdova


Al amanecer
tiemblan las ventanas
frágiles de las casas
Un gallo inmóvil
despierta a los niños
humea la pava
sobre el fuego
luego del desayuno
suben a los caballos
y galopan
entre los álamos

El verano (Gabriela García)


                                                                                      Ilustración Irene Singer

Durante el mediodía
humea el pan


Bajo sauces quebradizos
oímos el rumor del verano
el brillante sol
que murmura entre los juncos

Cuando llega la noche
enciendo una vela
entre la tormenta


(el follaje resplandece
bajo las estrellas)

Bosque (Gastón Urti)


                                                                         ilustración Benjamín Lacombe


Las alegres hojas
entre los álamos
acariciaban
a los grillos dormidos
libremente
debajo de un sol helado
que peinaba
sus perfumadas cabelleras

martes, 1 de julio de 2014

Amor lumínico (Gabriel Mansilla y Matías di Venancio)

Ilustración: María Wernicke


Vi un río de luz

entre tus manos

y la música crecía

en pequeños brotes.



Danzabas

y al girar

dejabas mi alma

a la intemperie.



Luz dorada,

capa de espuma,

vi un río de luz

entre tus manos.



Tus manos

hacen reír

hacen volar

me llevan

a jardines secretos.



Vi un río de luz



entre tus manos

jueves, 5 de junio de 2014

Noche de luna (Lautaro Paitz)

Ilustración: Teresa Durán



Noche de luna
sueño con verte
entre los ciruelos
sueño con verte

una preciosa voz
canta canciones a la luna

Haikus: Yoel Ocampo



Ilustración del libro “Cómo atrapar una estrella” de Oliver Jeffers.


Soles de invierno
veo constelaciones
toda la noche

Haikus: Solange Wronski



                                                                             Ilustración: Vero Gatti



Noche de otoño
el viento arrastra lento
hojas que vuelan

Durmiendo un ángel (David Fleitas)


                                                                     Ilustración: Guillermina de la Cal


Entre tus manos
dormida
como un ángel luminoso
se abre la vida
se cierra la muerte
y el corazón late
como chocolate
derritiéndose
en la primavera

Como aguas (Samanta Nores)


                                                                        Ilustración: Nicoletta Ceccoli



Se diluye el agua
como cataratas
como ríos
y yo
camino
triste
entre los pastos
y el corazón
late fuerte
como una luciérnaga

miércoles, 4 de junio de 2014

La luna y los sauces (Valentín Lozicki)


tapiz / arte japonés



Risa nocturna
hoy la luna
y los sauces jugaban
alegres
mientras que tus brazos
y tus manos
interrumpieron mi sueño


-y la luna
lloraba con su brillo-

miércoles, 7 de mayo de 2014

El Eternauta (H.G Oesterheld / Solano López)





Comenzamos en 2do año la lectura de este clásico de la literatura argentina
Pueden leerlo en pdf siguiendo el link

http://bitacoras.com/anotaciones/el-eternauta-historieta-completa-en-pdf/22642504/

sábado, 26 de abril de 2014

TESEO Y EL MINOTAURO - NARRADOR DE CUENTOS - (1 de 3)

Las invasiones en España y la formación de la lengua española

Morir en la pavada relatado por su autor

Morir en la pavada (Mamerto Menapace)





Morir en la pavada
por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos Rodados, Editorial Patria Grande.



Una vez un catamarqueño, que andaba repechando la cordillera, encontró entre las rocas de las cumbres un extraño huevo. Era demasiado grande para ser de gallina. Además hubiera sido difícil que este animal llegara hasta allá para depositarlo. Y resultaba demasiado chico para ser de avestruz.

No sabiendo lo que era, decidió llevárselo. Cuando llegó a su casa, se lo entregó a la patrona, que justamente tenía una pava empollando una nidada de huevos recién colocados. Viendo que más o menos eran del tamaño de los otros, fue y lo colocó también a éste debajo de la pava clueca.

Dio la casualidad que para cuando empezaron a romper los cascarones los pavitos, también lo izo el pichón que se empollaba en el huevo traído de las cumbres. Y aunque resultó un animalito o del todo igual, no desentonaba demasiado del resto de la nidada. Y sin embargo se trataba de un pichón de cóndor. Si señor, de cóndor, como usted oye. Aunque había nacido al calor de la pava clueca, la vida le venía de otra fuente.

Como no tenía de donde aprender otra cosa, el bichito imitó lo que veía hacer. Piaba como los otros pavitos, y seguía a la pava grande en busca de gusanitos, semillitas y desperdicios. Escarbaba la tierra, y a los saltos trataba de arrancar las frutitas maduras del tuitá. Vivía en el gallinero, y le tenía miedo a los cuzcos lanudos que muchas veces venían a disputarle lo que la patrona tiraba en el patio de tras, después de las comidas. De noche se subía a las ramas del algarrobo por miedo de las comadrejas y otras alimañas. Vivía totalmente en la pavada, haciendo lo que veía hacer a los demás.

A veces se sentía un poco extraño. Sobre todo cuando tenía oportunidad de estar a solas. Pero no era frecuente que lo dejaran solo. El pavo no aguanta la soledad, ni soporta que otros se dediquen a ella. Es bicho de andar siempre en bandada, sacando pecho para impresionar, abriendo la cola y arrastrando el ala. Cualquier cosa que los impresione, es inmediatamente respondida con una sonora burla. Cosa muy típica de estos pajarones, que a pesar de ser grandes, no vuelan.

Un mediodía de cielo claro y nubes blancas allá en las altura, nuestro animalito quedó sorprendido al ver unas extrañas aves que planeaban majestuosas, casi sin mover las alas. Sintió como un sacudón en lo profundo de su ser. Algo así como un llamado viejo que quería despertarlo en lo íntimo de sus fibras. Sus ojos acostumbrados a mirar siempre al suelo en busca de comida, no lograban distinguir lo que sucedía en las alturas. Pero su corazón despertó a una nostalgia poderosa. ¿y él, porqué no volaba así? El corazón le latió, apresurado y ansioso.

Pero en ese momento se le acercó una pava preguntándole lo que estaba haciendo. Se rió de él cuando sintió su confidencia. Le dijo que era un romántico, y que se dejara de tonterías. Ellos estaban en otra cosa. Tenía que ser realista y acompañarla a un lugar donde había encontrado mucha frutita madura y todo tipo de gusanos.

Desorientado el pobre animalito se dejó sacar de su embrujo y siguió a su compañera que lo devolvió a la pavada. Retomó su vida normal, siempre atormentado por una profunda insatisfacción interior que lo hacía sentir extraño.

Nunca descubrió su verdadera identidad de cóndor. Y llegado a vieja, un día murió. Sí, lamentablemente murió en la pavada como había vivido.

¡Y pensar que había nacido para las cumbres!

Trato hecho nunca deshecho (cuento popular)






Un día hicieron una sociedad el zorro y el quirquincho. El zorro dio su chacra al quirquincho para que la sembrara a medias.

Como el quirquincho tiene fama de ser poco inteligente, el zorro pensó que se aprovecharía de su trabajo, y le dijo:

-Este año, compadre, como es justo, será para mi todo lo que den las plantas arriba de la tierra y para usted lo que den abajo.

El quirquincho sembró papas. Tuvo una magnífica cosecha y al zorro le tocó una cantidad de hojas inservibles.

Al año siguiente el zorro, molesto por el mal negocio, le dijo a su amigo:

-Este año, compadre, como es justo, será para mi lo que den las plantas debajo de la tierra, y para usted lo que den arriba.

-Bien compadre, será como usted dice.

El quirquincho sembró trigo. Llenó su granero de espigas y al pobre zorro le tocó una cantidad de raíces inútiles.

" No me dejaré burlar más" , pensó. Y le dijo al compadre:

-Este año, ya que usted ha sido tan afortunado con las cosechas anteriores, será para mi lo que den las plantas arriba y abajo de la tierra. Para usted será lo que den al medio.

-Bien compadre, ya sabe que respeto su opinión.

El quirquincho sembró maíz. Sus graneros se llenaron nuevamente de magnífica espiga y al zorro le correspondieron las flores y las raíces del maizal.

El zorro tuvo que vivir en la última miseria. Ese fue el castigo a su mala fe.

Los seres místicos (Santiago Formoso)


Hace muchos años existía un planeta que se llamaba Durus.
El mismo planeta estaba muy tranquilo hasta que un año la tranquilidad se rompió.
Sus habitantes estaban muy asustados porque en el planeta vecino vivían los Melos asteroides que vendrían a acabar con el planeta Durus.
Pero sabían también que tenían a sus guerreros, Los Seres Místicos y que ellos los defenderían de los Asteroides.
Cuando llegaron los Asteroides los Seres Místicos ya estaban preparados para la batalla.
Comenzaron a pelear y ganaron la guerra.
Desde entonces volvió la paz al planeta Durus.

Santiago Formoso
1ero A

martes, 22 de abril de 2014

Luis y el violín (Solange Wronski)



Era una vez un niño que se llamaba Luis y vivía de la música, hasta que un día decidió formar una banda con sus amigos.
Al otro día se reunieron, tocaron y faltaba un último detalle, que era cómo se iba a llamar la banda.
Discutieron el nombre y todos se decidieron porque se llame Los Mapets pero a Luis le gustaba más Los Martincitos, aunque los demás no querían.
Así que Luis se deprimió y apareció muerto en el escenario.
Le pasó que se mató con el violín.

FIN

Solange Wronski
1ero A

lunes, 31 de marzo de 2014

La cucaracha (Javier Villafañe)



Una vez había un hombre que vivía solo. Era periodista. Trabajaba en un diario desde las seis de la mañana hasta la medianoche. Cuando terminaba de trabajar salía del diario; caminaba unas cuadras; comía en un restaurante y después iba a un bar a tomar cerveza. Al amanecer regresaba a su casa. En su casa –era un pequeño departamento– no tenía un solo mueble; ni cama tenía, ni una silla en que sentarse. Había unos clavos en la pared en donde colgaba el saco, el pantalón y la camisa. Dormía en el suelo. En invierno o cuando hacía frío se envolvía en una frazada.

Le gustaba tomar cerveza. Todo el día tomaba cerveza: a la mañana, a la tarde, a la noche. Siempre llegaba a su casa con dos o tres botellas de cerveza.

Una madrugada, cuando se acostó en el suelo para dormir, vio a una cucaracha que salía de un agujero del zócalo. La vio caminar, detenerse y acostarse cerca de su cabeza.

Esto pasó varias veces. Una vez, cuando la cucaracha salía del agujero del zócalo, tomó la tapa de una botella de cerveza y la puso a su lado, y allí se acostó la cucaracha.

Al día siguiente el hombre llegó más temprano a su casa. Traía un poco de algodón: lo desmenuzó y le hizo una cama en la tapa de la botella de cerveza para que durmiera la cucaracha.

El hombre se acostó como siempre en el suelo. Vio salir a la cucaracha del agujero del zócalo: caminar y subir para acostarse en la cama que le había hecho en la tapa de la botella de cerveza.

Al otro día el hombre fue a trabajar. Estaba muy contento. Salió del diario. Iba silbando por la calle. Llegó al restaurante, comió, y después fue al bar a tomar cerveza. Se encontró con un amigo y le dijo:

–Ya no estoy solo. Cuando me acuesto, una cucaracha sale de un agujero del zócalo y viene a dormir a mi lado.

El amigo se rió.

–¿Cómo sabés que es la misma cucaracha? –le preguntó–. Tu casa debe estar llena de cucarachas.

–No, la conozco. Es la misma –respondió el hombre.

–¿Serías capaz de hacer una prueba?

–Sí. ¿Qué hago?

–Le arrancás una pata a la cucaracha. La dejás renga. Y si al día siguiente ves a una cucaracha renga que viene a dormir a tu lado, es entonces la misma cucaracha.

El hombre llegó a su casa. Se desvistió. Colgó en los clavos el saco, el pantalón y la camisa. Se acostó. La cucaracha salió del agujero del zócalo. Caminó y cuando iba a subir a la cama para acostarse, el hombre tomó a la cucaracha con el pulgar y el índice de la mano izquierda, y con el pulgar y el índice de la mano derecha, le quebró una pata y se la arrancó. Tiró la pata y puso a la cucaracha en su cama.

La cucaracha durmió: pero el hombre no pudo dormir. Vio el sol, la mañana. Él, tendido en el suelo, y la cucaracha a su lado dormida. Después la vio despertar, caminar renga y meterse en el agujero del zócalo.

El hombre se levantó, se vistió y salió. Ese día tomó mucha cerveza. Llegó al diario a las seis y media. Trabajó hasta después de medianoche. Fue al restaurante; comió. Fue al bar. Llegó a su casa. Se acostó. Vio salir a una cucaracha renga del agujero del zócalo. La vio llegar, subir y acostarse en la cama de algodón que él le había hecho en la tapa de una botella de cerveza.

Es la misma –se dijo el hombre–. Yo sabía que no estaba solo.

Pero no pudo dormir. Vio el sol, la mañana. Vio cuando se despertó la cucaracha. La vio caminar renga y meterse en el agujero del zócalo.

A la madrugada siguiente volvió la cucaracha. Llegó caminando lentamente y se acostó al lado del hombre.

El hombre no podía dormir. Miraba dormir a la cucaracha. Estaba desnudo, sentado en el suelo, tomando cerveza. Tomó una botella, dos, tres botellas de cerveza. Sintió el sol en los ojos, la mañana.

La cucaracha se despertó. Bajó de la cama. Caminaba arrastrándose y se metió en el agujero del zócalo.

Y no volvió nunca más.

El maestro (Javier Villafañe)


Javier Villafañe



El maestro



El primer día de clase había treinta y cinco alumnos en el aula.
El maestro era un hombre gordo, muy gordo. Pasó lista mientras iba diciendo los nombres, los alumnos se ponían de pie y él los miraba. Los pesaba con los ojos.
Una mañana el maestro les dijo a los alumnos:
—Tenemos que hacer una huerta en la escuela y sembrar semillas de lechuga, porque la lechuga es muy rica para comerla en ensalada.
Los alumnos, en el fondo de la escuela, puntearon la tierra, sembraron semilla de lechuga y después regaron la tierra.
—Pronto vamos a tener ensalada, dijo el maestro y preguntó: ¿a ustedes les gusta la ensalada? Treinta y cinco voces respondieron al mismo tiempo: —Síiiiiiii...
—Muy bien —dijo el maestro.
Al día siguiente el maestro escribió en el pizarrón la letra A, la letra B, la letra C. Escribió todo el abecedario. Y los niños escribieron en el cuaderno desde la A, hasta la Z. Después, el maestro escribió en el pizarrón: uno más uno, igual a dos. Y los alumnos escribieron en el cuaderno: uno más uno, igual a dos. Los alumnos, todas las mañanas, después de izar la bandera y cantar el himno, regaban la huerta.
Una mañana el maestro sacó del portafolios un cuchillo y una piedra de afilar. Afiló el cuchillo en la piedra y mostró a los alumnos el cuchillo afilado.

—Cu-chi-llo —dijo, y agregó—: C de cielo, U de un, CH de chicha, LL de llanto, O de orar.
En la huerta habían crecido plantas de lechuga. Sobre el pupitre del maestro había sal, pimienta, vinagre y aceite.
Al día siguiente, cuando el maestro pasó lista, había treinta y cuatro alumnos en el aula. Al otro día treinta y tres, al otro día treinta y dos. Hasta que quedó solo un alumno en el aula. Era muy flaco, pálido, con las orejas transparentes.
Una mañana llegó un inspector. Era un hombre con sombrero y bigotes. El maestro le sacó el sombrero, le afeitó los bigotes y se lo comió. Por suerte quedaba una planta de lechuga en la huerta.



Javier Villafañe

Nació en Buenos Aires el 24 de junio de 1909. Fue poeta, escritor y, desde muy pequeño, titiritero. Con su carreta La Andariega viajó por Argentina y varios países americanos realizando funciones de títeres. En 1967, su libro Don Juan el Zorro es objetado y retirado de circulación por la dictadura militar imperante en Argentina.

Villafañe decidió entonces abandonar el país y radicarse en Venezuela donde, trabajando para la Universidad de Los Andes, fundó un Taller de Títeres para formar artistas de esa disciplina.
En 1978, con el auspicio del gobierno venezolano, repitió su experiencia trashumante en el Viejo Continente: con un teatro ambulante recorrió el camino de Don Quijote a través de La Mancha, en España.

En 1984 retornó a la Argentina. Fue autor, entre muchos otros libros, de Los sueños del sapo (Hachette), Historias de pájaros (Emecé), Circulen, caballeros, circulen (Hachette), Cuentos y títeres (Colihue), El caballo celoso (Espasa-Calpe), El hombre que quería adivinarle la edad al diablo (Sudamericana), El Gallo Pinto (Hachette) y Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote (Seix Barral).
El primer día de abril 1996, a los 86 años, falleció en Buenos Aires.

El baile (Irène Némirovsky)









Irène Némirovsky
(1903 - 1942)

Irène Némirovsky nació en Kiev el 11 de febrero de 1903. Era la única hija de un rico banquero judío ucraniano.
Irène fue educada por una institutriz francesa de modo que el francés fue prácticamente su lengua materna; también hablaba ruso, polaco, inglés, vasco, finés y yiddish.
En diciembre de 1918, la familia de Irène escapó de la revolución rusa y permaneció un año en Finlandia.
En julio de 1919, llegaron a Francia. Irène se licenció en Letras en la Sorbona.
En 1926 se casó. Tuvo dos hijas.
En 1929 publicó, con gran éxito de crítica, su primera novela. En 1930, con la publicación de El baile, Irène Némirovsky era una escritora en lengua francesa reconocida en la sociedad francesa; sin embargo, el gobierno francés de Vichy, rechazó su petición de nacionalización en 1938, en una actitud de antisemitismo. Finalmente, el 2 de febrero de 1939, ella y toda su familia se convirtieron al catolicismo. Aún así, ella y su marido tuvieron que llevar la estrella amarilla.
A pesar de tener amigos como Jean Cocteau y de Joseph Kessel, no pudieron evitar que la internaran en el campo de concentración de Pithiers, y luego fuera deportada a Auschwitz, en donde murió de tifus el 17 de agosto de 1942.
Poco después, su marido también fue arrestado y deportado a Auschwitz y, al poco tiempo de llegar, asesinado en la cámara de gas el 6 de noviembre de 1942.
Irène Némirovsky dejó una docena de libros escritos en su corta vida. Cada uno de ellos brilla como una obra maestra.

EL BAILE

Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942) mostró desde muy joven un talento excepcional. Con 27 años de edad, saltó a la fama con esta breve joya literaria sobre la venganza de una adolescente, editada en Francia en 1930.
Instalados en un lujoso piso de París, los Kampf poseen todo lo que el dinero puede comprar, excepto lo más difícil: el reconocimiento de la alta sociedad francesa.
Así pues, con el propósito de obtener el codiciado premio, preparan un gran baile para doscientos invitados, un magno acontecimiento social que para el señor y la señora Kampf supondrá, respectivamente, una excelente inversión y la soñada apoteosis mundana. Pero en casa de los Kampf no todos comparten el mismo entusiasmo.
Herida en su orgullo por la prohibición materna de asistir al ágape, Antoinette, de catorce años, observa con amargura los agitados preparativos del baile y siente que ha llegado la ocasión de enfrentarse a su madre, afirmarse a sí misma y realizar su propia entrada en la edad adulta.
Con un breve gesto, tan impulsivo como espontáneo, provoca una situación absurda que culminará en un final dramático y revelador. Dotada de una afilada percepción psicológica, Némirovsky condensa en pocas páginas una historia donde la difícil relación madre-hija y el ansia de reconocimiento social se funden con la pasión por la vida y la búsqueda de la felicidad.