miércoles, 30 de octubre de 2013

Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)








LII - EL POZO

¡ El pozo !... Platero, ¡ qué palabra tan honda, tan verdinegra, tan fresca, tan sonora ! Parece que es la palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua fría. Mira; la higuera adorna y desbarata el brocal. Dentro, al alcance de la mano, ha abierto, entre los ladrillos con verdín, una flor azul de olor penetrante. Una golondrina tiene, más abajo, el nido. Luego, tras un pórtico de sombra yerta, hay un palacio de esmeralda, y un lago, que, al arrojarle una pierda a su quietud, se enfada y gruñe. Y el cielo, al fin. (La noche entra, y la luna se inflama allá en el fondo, adornada de volubles estrellas. ¡ Silencio ! Por los caminos se ha ido la vida a lo lejos. Por el pozo se escapa el alma a lo hondo. Se ve por él como el otro lado del crepúsculo. Y parece que va a salir de su boca el gigante de la noche, dueño de todos los secretos del mundo. ¡ Oh laberinto quieto y mágico, parque umbrío y fragante, magnético salón encantado !) - Platero, si algún día me echo a este pozo, no será por matarme, créelo, sino por coger más pronto las estrellas. Platero rebuzna, sediento y anhelante. Del pozo sale, asustada, revuelta y silenciosa, una golondrina.

martes, 29 de octubre de 2013

Por la ventana de la lancha escolar (Enzo Fernández)








                                 -a partir de un poema de “Los niños de Japón” de Alejandra Correa-






Los troncos leñosos
de los ciruelos
florecen
blancos y rosados

soy un chico
y la belleza del mundo
se ve por todos lados

El invierno
con sus pasos de leopardo
avanza por la isla

¿cómo es que el invierno
es tan hermoso

a través de los espejos?

Mundos quebrados (Daiana Tapia)






Al mirar tus ojos
el mundo se quiebra
en mi interior

A tu lado
creí
no tener fronteras

sin límites
sin reservas
ni barreras

anclada
a tu mirada
una lágrima oscura

sin recuerdos
sin palabras

sin sol

La isla es muy aburrida (Alexis Mansilla)






La isla es muy aburrida
porque no hay un cyber 
en la esquina

los perros ladran todo el día

personas desconocidas
pasean por el río

por qué no me fui
en lugar de los otros


Alexis Mansilla (15 años)

Felicitaciones a Alexis! Medalla de Oro en Poesía B de los Juegos Regionales 2013

El misterio (Rocío Deghi)





El misterio

Es
el misterio
cada vez
más grande

una hoja parece un barquito
sobre el agua

el sol sobre los muelles

el silencio

hace bien estar

ver bien
es  estar

distraido


Rocío Deghi (12 años) 



Felicitaciones a Rocío!!!!!!!!! Este texto obtuvo Medalla de Oro en los Juegos Regionales 2013!

jueves, 11 de julio de 2013

Leer en casa

Twice-told tale (Enrique Anderson Imbert)



Perseguido por la banda de terroristas Malcolm corrió y corrió por las calles de esa ciudad extraña. Eran casi las doce de la noche. Ya sin aliento se metió en una casa abandonada. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad vio, en un rincón, a un muchacho todo asustado.
—¿A usted también lo persiguen?
—Sí —dijo el muchacho.
—Venga. Están cerca. Vamos a escondernos. En esta maldita casa tiene que haber un desván... Venga.
Ambos avanzaron, subieron unas escaleras y entraron en un altillo.
—Espeluznante, ¿no? —murmuró el muchacho, y con un pie empujó la puerta. El cerrojo, al cerrarse sonó con un clic exacto, limpio y vibrante.
—¡Ay, no debió cerrarla! Ábrala otra vez. ¿Cómo vamos a oírlos si vienen?
El muchacho no se movió.
Malcolm, entonces, quiso abrir la puerta, pero no tenía picaporte. El cierre, por dentro, era hermético.
—¡Dios mío! Nos hemos quedado encerrados.
—¿Nos? —dijo el muchacho—. Los dos, no; solamente uno.
Y Malcolm vio cómo el muchacho atravesaba la pared y desaparecía.

La soga (Silvina Ocampo)

Silvina Ocampo



A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano, finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga.”La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados. Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire, como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor.Si alguien le pedía:—Toñito, préstame la soga.El muchacho invariablemente contestaba:—No.A la soga ya le había salido una lengüita, en el sito de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón.Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes... Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.La bautizó con el nombre Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos Prímula.” Y Prímula obedecía.Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos.La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

domingo, 19 de mayo de 2013

A la sombra del tilo (Lucio Madariaga)



Il dolore



El pordiosero de la oficina

en el pulmón

del asma,

comulga con la derrota

y la dona

al mejor postor.



No se trata de volver al origen.

Hablo de puntos de partida.






El único dolor eficiente

es


el constitutivo.


A la sombra del tilo


Viene del monte un aroma a casuarina
y lujuria recién lavada
que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
desnuda
pero dispuesta


No hay dádivas para este corazón
señor de la mañana;

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
y el éxtasis en puntas de pie,
de saber,
que este amor,
se come
con las manos.



Lucio L. Madariaga. Nació en Buenos Aires, en 1985. Estudió la carrera de Sociología en la U.B.A., que dejó inconclusa. Actualmente realiza estudios de Edición Editorial en la misma casa de estudios, y la carrera de periodismo en TEA. Escribe poesía. Administra el blog franciscomadariaga.blogspot.com sobre la vida y obra del poeta argentino Francisco Madariaga (1927-2000), su padre.

Y el faro (Victoria Schcolnik)




Y el faro


muestra su cal a la luz del día, en la cual

cada cosa explica a otra

no a sí misma

George Oppen

Yo quería escuchar con precisión

lo que decías, como si una palabra fuera

condescendiente con lo que significa, no sabía

que el centro de tus palabras, el tesoro

era esa marea caliente que quedaba en mis oídos

cuando tu boca se alejaba, como el océano

que retrae sus olas y no puede llevarse

la humedad de la arena consigo.

Este aliento es el que le va a dar

un fondo a las células de mi cuerpo,

-el mar en donde siempre voy a recordarte-

porque es lo que el otro no puede

llevarse de si mismo, lo único que conocemos.




Victoria Schcolnik nació en Buenos Aires en 1984. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación. Ha trabajado en diversos proyectos de producción y difusión poética. Fue codirectora de VOCAL, revista para escuchar y editora de Ventizca, publicación de arte y pensamiento. Publicó una serie de poemas en La última poesía Argentina (Ediciones en danza, 2008) y el libro el refugio (abeja reina, 2008). Desde 2009 dicta talleres de escritura.


En 2011 integra Curandera Ediciones. Publica su libro Una tierra.




El extraño (Marcelo Carnero)



 
Marcelo con su hijo Sur
EL EXTRAÑO





Y en tu boca
se me laven las manos
de tu luz
que me abre transparencias

no habrá sitio más huido
que este cuerpo.



***


Mañana no estaré ni en la voz de las vieja
ni siquiera en palabras mordidas por el hierro
Óvalos de luz

para los que me encuentren.



Marcelo Carnero (Buenos Aires, 1978). Publicó Tratado de cuerpo (Ediciones La Carta de Oliver, 2008), Sentido de la oración (Abeja Reina, 2010). www.tratadodecuerpo.blogspot.com
Fue uno de los coordinadores del Primer Festival de Poesía en la Escuela, 2010.

sábado, 18 de mayo de 2013

Río (Verónica Laurino)

Río Paycarabí camino a la Escuela Técnica 1 / marisa negri

Antes del televisor

fue el fuego.



Antes del cine

fue el río: ver y soñar

pero yo era niña

y el Paraná me daba vergüenza.



Creía que los ríos debían ser

cristalinos, limpios

y ahí estaba él

barro rojizo

ostentando su bravía.


II

Ni truchas ni salmones

sólo mojarritas,

delicia de la infancia.


Barrancas de aprendizaje

al suicidio.


Playa, deleite del bañista

nadador salvaje

sin pileta ni club náutico.



Isla

placer con pena

paraíso del pobre y sus mosquitos

nadar y pescar la deriva.



Cuando era niña,

ya lo dije

el Paraná me daba miedo.


Los dos

pudimos sobrevivir

a mi vergüenza.










Verónica Laurino






Nació en Rosario en 1967. Es poeta, novelista y bibliotecaria. Publicó Ruta 11 (Vox), Comida china (2009). El 5 de junio visitará nuestra escuela en el marco del IV Festival de Poesía en la Escuela.

martes, 14 de mayo de 2013

Flori, Ataúlfo y el dragón (Ema Wolf)




No todas las princesas son lindas, como se cree. No, señor. La princesa Floripéndula, por caso, tenía unos ojitos y unas orejas y una bocucha que… bueno.
Todos los días, Floripéndula, le preguntaba a su espejo mágico: – ¿Hay alguna damisela en el reino más bella que yo?
El espejo le contestaba: –Sí, dos millones trescientas mil.
[...] Cuando Floripéndula llegó a la edad de tener novio, su padre, el rey Tadeo, empezó a preocuparse.
Le decía estas cosas a su esposa, la reina Carlota:
–Me pregunto quién va a querer casarse con nuestra amada hija. No es lo que se dice una belleza.
La reina Carlota no atinaba a darle una respuesta. Floripéndula era una buena princesa pero el tiempo pasaba, y nadie se apresuraba a pedir su mano.
El rey Tadeo consultó entonces al astrólogo de la corte, como se acostumbraba en estos casos. El astrólogo se tomó un tiempo para meditar la cuestión. No todos los días se le presentaban problemas así. Finalmente, dio su opinión:
–Si quieren que Flori se case, van a tener que recurrir al viejo truco del dragón. El rey Tadeo y la reina Carlota escucharon lo que sigue:
–Hay que conseguir un dragón que cometa muchos estropicios en la comarca. Después, convocar a los más nobles caballeros de este reino y otros reinos para que luchen contra el dragón. El valiente que lo venza obtendrá como premio la mano de la princesa. ¿Qué tal?
El rey Tadeo reconoció que el astrólogo había dado con una solución interesante.
Sin perder un minuto, llamó a sus ayudantes y les ordenó:
–Manden a mis seis mejores caballeros para que consigan un dragón adulto. No importa dónde tengan que ir a buscarlo ni a qué precio.
Los seis hombres más valerosos del reino partieron a la mañana siguiente para cumplir la misión.
Durante varias semanas, no dieron señal de vida. Los dragones no abundaban por aquellas zonas y tuvieron que viajar lejos.
Con el correr de los días, cinco caballeros regresaron derrotados y sin dragón. Que no conseguían, que eran muy pichones, o muy caros, o de segunda mano… excusas, bah.
Pero el sexto caballero, el joven Ataúlfo de la Estopa, se apareció con un espléndido dragón atado de una soga. Lo había capturado en pelea de buena ley, y no alquilado, como decían las malas lenguas.
– ¿Dónde lo suelto? ––preguntó.
– Por ahí, en los alrededores de la comarca –dijo el rey.
Y así lo hizo. [...]
Al día siguiente, apareció en la plaza un bando real. El anuncio prometía la mano de la princesa Floripéndula a quien liberara a la comarca del espantoso dragón.
Cuando la noticia llegó a oídos de todos los solteros del reino, la respuesta no se hizo esperar.
Unos se excusaron diciendo que casarse con una princesa era un honor demasiado alto para ellos y que gracias, de todos modos.
Otros se ofrecieron a liquidar al dragón, pero sin casarse con la princesa. Otros estaban dispuestos a vencer cien dragones antes que casarse con la princesa.
Uno dijo que prefería casarse con el dragón.
El caballero Ataúlfo de la Estopa leía el bando real y se rascaba la cabeza. – ¿Pero este no es el mismo dragón que me hicieron traer la semana pasada?
Sin embargo, a Ataúlfo, eso no le importaba. Porque – sépanlo de una vez- estaba enamorado hasta el caracú de la princesa Floripéndula. Siempre le había parecido la más hermosa de todas las princesas de la Tierra. La veía así porque la amaba. La amaba de verdad. Hasta entonces, Ataúlfo no había hecho más que suspirar por ella como un fuelle. Ahora tenía la oportunidad de convertirla en su esposa.
Lo mejor de todo es que Flori ¡también amaba a Ataúlfo! Y si no ¿Por qué dejaba caer pañuelos desde el balcón cada vez que él pasaba por abajo?
Temerario como era, Ataúlfo de la Estopa marchó contra el dragón. Era la segunda vez que se enfrentaban. El dragón le tenía un fastidio atroz. – ¡Acá estoy, lagarto agrandado! –le gritó Ataúlfo. Y le tiró tres o cuatro espadazos con buena suerte.
El dragón le contestó con una bocanada de fuego que chamuscó las pestañas del valiente. Se entabló entre los dos un combate durísimo. Horas y horas, duró la pelea. La espada de Ataúlfo ya estaba casi derretida cuando le asestó al dragón un último golpe formidable. La bestia huyó derrotada y maltrecha. Se perdió en un bosquecillo. No se sabe si sobrevivió. Nunca más volvieron a verlo. Entonces Ataúlfo de la Estopa marchó triunfante hacia el palacio con un puñado de escamas de dragón en la mano.
El rey lo recibió en la escalinata del palacio con toda su corte. Sonaron las trompetas brillantes. La princesa Floripéndula ofreció su tímida mano al caballero. Ataúlfo se la besó tiernamente, como hacen los héroes enamorados. Y una semana más tarde, Floripéndula y  Ataúlfo se casaron. Tuvieron siete hijos. O sea, siete principitos. Eran todos iguales. Iguales a su padre y a su madre, que –aquí, entre nosotros –se parecían bastante. Todos tenían los mismos ojitos, las mismas orejas, la misma bocucha…
Fueron muy felices, créanme.

El ogro sin plumas (Italo Calvino)



Italo Calvino


Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó gravemente. El mago de la corte le advirtió que sólo podía curarse con una pluma del ogro de la montaña. Era algo muy difícil de conseguir, puesto que el ogro devoraba a todos los que se le acercaban.

Pero un joven soldado, valiente y leal, sintió pena por el monarca. Se puso en camino y, cuando llegó la noche, entró en una posada.

El ogro vive en una de las siete cavernas de la cima – le dijo el posadero -. Si te atreves, pregúntale por mi hija, quien desapareció hace muchos
años. ¿Y no me traerías también a mí una de sus plumas?

Lo que pides tendrás – dijo el joven.
Por la mañana, el joven partió y llegó hasta la orilla de un caudaloso río. El barquero lo cruzó en su barca.

El ogro vive en la séptima caverna. Tráeme una pluma para mí y pregúntale por qué extraño encantamiento no puedo bajar de esta barca…



Lo que pides tendrás – prometió el soldado.
Luego descansó junto a una fuente que estaba seca. Su dueño le dijo:

Al mediodía, el ogro no está y la muchacha que lo sirve podrá ayudarte.
Averigua por qué mi fuente, que antes daba agua de oro, ahora está seca.

Lo que pides tendrás – le aseguró el joven.
El decidido muchacho llegó a la cima, buscó la séptima cueva y descubrió la puerta del ogro. Una bella muchacha lo recibió.

Te ayudaré, pero debes prometerme que me llevarás contigo. Escóndete debajo de la cama y no hagas ningún ruido, porque te comerá de un
bocado si te descubre.

    La joven preparó una suculenta cena y le puso especias perfumadas para condimentarla. De esta manera, el ogro no pudo descubrir con su olfato al intruso.

    Luego de la cena, se durmió sobre su gran cama y la joven se acostó en el piso. A medianoche, le arrancó una pluma. Él protestó.

Es que tuve un mal sueño – le dijo la joven -. Soñé con una fuente que daba un agua de oro y ahora está seca… ¿Qué le habrá pasado?



Tu sueño es real. Dentro de la fuente hay una serpiente de oro enroscada; si la matan, el agua brotará nuevamente – le explicó el ogro y se
durmió.

    Al rato, la joven le arrebató otra pluma. Él se quejó.

¡Tuve otro sueño! Había un barquero que no podía bajar de su barca…
Otro sueño verdadero. Es porque está encantado: cuando alguien suba a su barca, tendrá que bajarse a tierra primero y el otro quedará atrapado.
El ogro volvió a roncar y la muchacha le arrancó la tercera pluma.

¡Qué noche de pesadillas! Ahora he soñado con un posadero que no sabe dónde está su hija.
Esa hija eres tú. ¡Y ya no sueñes, si no quieres que te coma!
Al amanecer, los jóvenes se escaparon. Corrieron hasta la fuente y le explicaron al dueño el misterio. Cruzaron el río en la barca, le revelaron al

pobre hombre cómo podría escapar de ella y le dieron una pluma. Al llegar a la posada, el padre de la joven recibió la segunda pluma y lloró de la alegría al ver a su hija. Quiso que se casara de inmediato con el valiente soldado. Él aceptó encantado. Sin embargo, fue primero a ver al rey. Con la tercera pluma lo curó de su enfermedad. El monarca le dio una cuantiosa recompensa y el soldado se fue corriendo a su boda.

    ¿Y el ogro? Al parecer, los había perseguido para devorarlos, pero luego de cruzar el río, el barquero había saltado antes que él. El ogro nunca más pudo bajarse, porque todos conocían el truco y no volvieron a subir a la barca.

En Cuentos populares italianos. Buenos Aires, Fausto 1978. (Versión de Stela Maris Cochetti)

viernes, 10 de mayo de 2013

Matilda / Roald Dahl



http://www.lenguasbabuinas.com/wp-content/uploads/2013/02/Dahl-Roald-Matilda.pdf

Camino al poema I



Estamos en primer año en la escuela de la isla y son los primeros talleres de poesía.

Juego, lectura libre, ensayo y error.

Aún no llega el poema.
El juego de hoy:
Luego de un rato de lectura y exploración de nuestra flamante "cajita feliz" (una caja con libros de poesía que el III Festival de Poesía en la Escuela dejó en su paso por allí) repartí hojas en blanco con algunas palabras recortadas de revistas y distribuidas al azar en la hoja.

En principio cuesta salir de la lógica del "había una vez", porque en general los chicos asocian escribir con contar y contar con la fórmula ancestral del había una vez y el "fueron felices y comieron perdices"

Cuando les hablo de la poesía como un río, y leemos a Juanele y pensamos en ese fluir, y en dejar que la poesía nos atraviese empiezan a acontecer los milagros. Van aquí algunos textos de los chicos que hablan por sí solos. Todos tienen entre 12 y 14 años y nunca habían escrito un poema.


Luz de verano

Luz de verano
personas mojadas
en la playa

sobre los caminos
un oscuro más profundo

el mundo oscuro
y yo
me siento solo

Jazmín C.

Las montañas

Despiertan pasiones las montañas.
¿sabías que cuando viajo
me asombro con cada parte?

Franco L.


Mi sueño

Quiero ser un oso
para poder arañar un árbol
Mi amigo dice
que solo en los sueños
se logra
pero no puedo soñarlo
y me desilusiona

Florencia C.

La isla es muy aburrida

La isla es muy aburrida
porque no hay un cyber
acá en la esquina
los perros ladran todo el día
personas desconocidas
pasean por nuestras casas
porque no me fui
en lugar de los otros

Alexis M.

El desastre de mi vida

Duerme la ciudad
con su polvo gris
imaginario

lastimaduras y cicatrices

Falta algo en mi vida
está arruinada
en partes muy pequeñas

Gabriel M.

Sueños, dolores, aburrimiento pasan por el poema, y los chicos casi sin darse cuenta ponen en palabras lo que les pasa. Hemos dado el primer paso.

Tres muescas en mi carabina de Carlos María Domínguez Cap I





Les dejo aquí el primer capítulo de la novela


http://www.alfaguara.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/200301/primeras-paginas-tres-muescas-en-mi-carabina.pdf

la Juncal

Con segundo año comenzamos la lectura de "Tres muescas en mi carabina" de Carlos María Domínguez, basada en la vida de Julia Lafranconi, en la Isla Juncal.
Aquí el trailer de una película que toca el mismo tema, basada en un relato de Haroldo Conti




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Abriendo el cuaderno de las islas





Queridos chicos de primero y segundo:

Abrimos hoy este cuaderno de hojas nuevas, se irá poblando de historias y poemas y lecturas que nos fascinen y anécdotas para compartir con quienes pasen por aquí.
Podrán encontrar los materiales que vamos trabajando en la clase, pero también algunas otras cosas para seguir leyendo.
Servirá de puente con otros chicos de otras escuelas y de banquito a la sombra cuando tengan ganas de dejarse llevar por el rumor de las palabras que lleva el río

Bienvenidos

Profe Marisa